Salford, la voz olvidada de la Inglaterra obrera

Eclipsada por Manchester, Salford ha visto nacer, crecer e inspirado a algunos de los grandes nombres de la cultura de clase trabajadora asociados a su vecina. Repasamos su historia junto al poeta local JB Barrington.

Salford es la sucia y vieja ciudad a la que cantaba Ewan MacColl, aunque la canción, popularizada por The Dubliners y The Pogues, se asocie casi por inercia a la capital irlandesa. Es el sino de la localidad, eclipsada bajo el gigante Manchester, uno de los motores de la revolución industrial y de la cultura pop. Su nombre apenas asoma en cuanto se explora el próspero pasado del norte inglés o su inagotable escena cultural, aunque su lúgubre realidad posindustrial haya inspirado algunos de las más célebres figuras que han dado la música y otras disciplinas en Inglaterra.

Independizada de Manchester en 1926 aunque de frontera confusa –ni los propios mancunianos saben a menudo qué ciudad pisan cuando pierden la referencia del río Irwell–, sus habitantes pagaron incluso más caro que sus vecinos el precio del olvido. Salford es el más genuino grim up North que desmenuzaron KLF.

En la actual Salford, ciudad satélite con una tasa de paro un punto por encima de la media del Reino Unido y prominente feudo laborista incluso en los tiempos más adversos, el poeta JB Barrington capta como nadie el pulso de sus calles y su herencia.

Contactamos con él en su visita al Moston Miner’s Community Arts Center junto a Ken Loach. “Si no fuera de Salford, no haría lo que estoy haciendo ahora. El humor procede de la pobreza extrema, de todas las adversidades con las que luchas en un barrio de viviendas de protección oficial, de las situaciones de desesperación y la deprimente perspectiva de un futuro a base del subsidio de desempleo”, asegura. Para una asociación rápida, se puede ver a JB en la película de los Sleaford Mods, Bunch of Kunst.

Texto completo publicado en El Salto-Radical Magazine

Meet Me In The Bathroom – Lizzy Goodman

Los Strokes y el underground global

Advertencia. Esta reseña contiene spoilers. Es en sí misma, básicamente, un spoiler de Meet Me In The Bathroom: Rebirth and Rock and Roll In New York City 2001-2011, la crónica oral de la escena musical de la Nueva York de principios de los dosmiles –del 11-S y la despedida de LCD Soundsystem en el Madison Square Garden– de la mano de la periodista Lizzy Goodman y los más de 200 protagonistas de las entrevistas que comenzó a realizar en 2012.

Músicos, artistas de todos los ámbitos, periodistas y personajes de lo más variopinto que vivieron en el epicentro de la última gran escena del rock. La última gran escena. Un mundo pre-internet con los apartamentos, estudios, bares y baños –muchos, como en los que espera Nina en  “NYC Cops” o los que dan nombre a una de las canciones de Room On Fire y al propio libro– como centros neurálgicos.

Música, drogas, relaciones personales y la gentrificación de Brooklyn en una crónica que ayuda a comprender como Fischespooner sabló dos millones de dólares a su compañía discográfica ya en tiempos de Napster y como aquel conocido apócrifo del pop se presentó un día al trabajo con el abono de Primavera Sound, allá el intervalo comprendido entre 2005 y 2008. Es el underground global.

Meet Me In The Bathroom es un ejercicio de puro periodismo, excelentemente construido e hilado, por el que es de justicia agradecer a Lizzy Goodman que desestimara un enfoque de tedioso tratado académico. Lo más sensato es pues que también lo hagamos nosotros y que hablen los protagonistas.

Reseña completa en El Destilador Cultural