Meet Me In The Bathroom – Lizzy Goodman

Los Strokes y el underground global

Advertencia. Esta reseña contiene spoilers. Es en sí misma, básicamente, un spoiler de Meet Me In The Bathroom: Rebirth and Rock and Roll In New York City 2001-2011, la crónica oral de la escena musical de la Nueva York de principios de los dosmiles –del 11-S y la despedida de LCD Soundsystem en el Madison Square Garden– de la mano de la periodista Lizzy Goodman y los más de 200 protagonistas de las entrevistas que comenzó a realizar en 2012.

Músicos, artistas de todos los ámbitos, periodistas y personajes de lo más variopinto que vivieron en el epicentro de la última gran escena del rock. La última gran escena. Un mundo pre-internet con los apartamentos, estudios, bares y baños –muchos, como en los que espera Nina en  “NYC Cops” o los que dan nombre a una de las canciones de Room On Fire y al propio libro– como centros neurálgicos.

Música, drogas, relaciones personales y la gentrificación de Brooklyn en una crónica que ayuda a comprender como Fischespooner sabló dos millones de dólares a su compañía discográfica ya en tiempos de Napster y como aquel conocido apócrifo del pop se presentó un día al trabajo con el abono de Primavera Sound, allá el intervalo comprendido entre 2005 y 2008. Es el underground global.

Meet Me In The Bathroom es un ejercicio de puro periodismo, excelentemente construido e hilado, por el que es de justicia agradecer a Lizzy Goodman que desestimara un enfoque de tedioso tratado académico. Lo más sensato es pues que también lo hagamos nosotros y que hablen los protagonistas.

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David Foster Wallace y Mark Costello – Ilustres Raperos

El gueto desde el tren

Resulta que si en tu iPod no llevas un porcentaje concreto de artistas negros eres racista. ¿Es por el sentido de culpabilidad de los blancos? ¿Los gustos musicales reflejan ideología sobre la raza? Las palabras son de Claudia Ronson, de The Magnetic Fields, en el documental Strange Powers en el momento en que Stephin Merritt es acusado de racista por un bloguero (justiciero) por el escaso número de artistas negros en una lista sobre sus gustos personales publicada en la prensa norteamericana.

Esta, NO es esta la premisa con la que David Foster Wallace y Mark Costello escribieron a cuatro manos desde su choza universitaria en Boston –ciudad tan esencialmente blanca, que hasta el Dios del baloncesto es blanco– pero sí el desarrollo lógico de los acontecimientos si el malogrado DFW, esencialmente un retratista de la sociedad posmoderna, hubiera decidido/podido ponerse manos a la obra con su colega en los tiempos que corren y no cuando originalmente escribieron “Signifying Rappers”

“¿Qué derechos tienen los yuppies blancos de intentar entender lo que es el rap?”, plantean. “Yuppie” y “rap” son dos términos (casi) tan paleolíticos como el de “iPod” previamente tomado de Claudia Ronson, pero denotan lo embrionario del asunto. Aquel verano del 1989, Public Enemy ya había lanzado It takes a nation of millions to hold us back y “Fight the power” como single, Run DMCTougher Than LeatherDe La Soul 3 Feet High And Rising” NWA “Straight Outta Compton”con “Fuck The Police”.

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