El referéndum a pie de calle

Compartimos una jornada histórica con votantes y no votantes, escoceses y no escoceses, de ambas opciones

Patricia Cuní, de Granollers, vive y trabaja en Edimburgo desde hace menos de un año y fue una de los miles de foráneos que ayer ejerció su derecho a decidir de forma libre el futuro del país que los acoge. A diferencia de muchos catalanes, esta periodista reconvertida al marketing no teme que haber participado en el referéndum escocés pueda suponerle un impedimento legal para hacerlo en el catalán el próximo 9-N. Su voto en Escocia, sin embargo, poco o nada ha tenido que ver con su posicionamiento con el proceso en su país natal. Mientras acompañamos a depositar su papeleta en una iglesia habilitada como colegio electoral en Stockbridge, un barrio tradicional de la capital escocesa donde sus ventanas reciben mayoritariamente al visitante con un ‘No’. Mientras, Pat nos explica las razones de su voto. “Me he decidido por el ‘Sí’ después de escuchar los argumentos de amigos y compañeros de trabajo, que mis amigas más cercanas optaran por la independencia es lo que me ha hecho tomar la decisión final”, explica.

Otro catalán que ha tomado parte en el proceso escocés es Sergi Ferré. Aunque Sergi quizá ya es más escocés que catalán. Lleva quince años en Edimburgo. Nacido en Barcelona está casado con una chilena con la que tiene una hija escocesa de seis años, Sayen, a la que lleva a un colegio gaélico de la capital. “Aquí el tema del gaélico está en auge, pero no tiene nada que ver con el proceso independentista. Si gana el ‘Sí’, Salmond ya ha anunciado que trabajará para darle un mayor impulso, pero el idioma no es un factor decisivo en este proceso. Los hablantes de gaélico no llegan al 10%, y en las grandes ciudades como Edimburgo y Glasgow ni eso”, comenta. Convencido independentista, en Escocia y Catalunya, Sergi fue uno del medio millón de escoceses que solicitó el voto por correo. Sus obligaciones laborales le impedían pasar ayer por el colegio electoral. “Mis motivos son en clave escocesa y no en clave catalana. Pienso que el país puede ir a mejor y que las próximas generaciones agradecerían una victoria del ‘Sí’. He votado sintiéndome escocés y pensando en el futuro de mi hija escocesa”.

El ‘No’ no se ha prodigado por las calles durante las últimas y sobre el papel decisivas 72 horas.William Carroll regenta Unknow Pleasures, una tienda de discos a la vieja usanza en la Royal Mile de la capital, a tocar del Parlamento de Holyrood. Lo que debía ser una conversación informal sobre música con unos cuantos discos del mejor indie escocés en la bolsa deriva, como no podía ser de otra manera en una jornada histórica, hacia la consulta. “¿Informando sobre el referéndum?”, pregunta. William es uno de los 55,3% de los escoceses que ayer optó por el ‘No’. “No soy una persona muy política, pero no me gusta todo lo que ha pasado durante estos últimos años. Creo que somos un país muy pequeño, que no podremos valernos por nosotros mismos. Todo esto es una locura del señor Salmond, que quiere convertirse en el Rey de Escocia”. El escéptico William no está hoy en Edimburgo. “Estuve en Glasgow el pasado fin de semana y vi cosas que no me gustaron. Creo que puede haber incidentes aquí si gana el ‘No’, así que mañana (para hoy) a primera hora de la mañana me voy a Londres”. El inesperado encuentro con uno de los miembros de la mayoría silenciosa, la que no se ha dejado ver en las calles durante las últimas semanas, topa el inevitable nexo con Catalunya. “Ustedes y los vascos tuvieron la Guerra Civil y España sigue queriéndoles borrar la identidad a día de hoy y puedo entender que quieran la independencia, pero aquí no tenemos ninguna razón de peso”, concluye.

Centenares de visitantes de naciones sin estado de todo el planeta presenciaban en primera persona, no con cierta envidia, la histórica jornada. Catalanes, vascos, corsos y sardos. También procedentes de Flandes, del Quèbec, vecinos de Gales que viajaron hacia el norte de la isla. Robert y Catherine paseaban durante el mediodía de ayer por la Royal Mile curiosos por el gran ambiente en la principal arteria de Edimburgo. Observaban con atención mientras un grupo de catalanes baila una sardana junto a la catedral de Saint Gilles. Él escocés, ella inglesa. Residentes en Alicante se atrevieron a hablar con nosotros con su castellano precario (a pesar de llevar quince años en España) acerca del proceso abierto en Escocia y Catalunya. “No entiendo porqué después de 300 años juntos cuando todo ha ido sobre ruedas ahora se quieren poner barreras. Hemos ganados muchas guerras juntos. Creo que se van a perder los vínculos con Inglaterra”, comenta ella. Robert, por su lado, explica que lamenta no tiene derecho a voto en Escocia y que en España solo puede participar en los comicios locales y autonómicos, aunque después de los resultados de anoche, puede que no le importe. Escocia ha dicho NO.

Cesc Guimerà / Jordi Caixàs

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