La cinta que rebobina 30 años de indie-pop

C86

La C86, la icónica cassette recopilatoria de la revista New Musical Express, definió la escena indie pop. Se reedita en un triple ‘box set’ 28 años después 

Hubo un período en el que Londres no fue el epicentro de la movida en el Reino Unido, ni la independencia una etiqueta. Grupos repartidos por toda la isla, un circuito alternativo de salas, fanzines intercambiados por correo y estudios caseros en dormitorios de adolescentes desde los que se editaban portadas que parecían diseñadas por niños de seis años. Urgencia y actitud: DIY. Poco podían imaginar los redactores del semanario New Musical Express, Roy Carr, Neil Taylor y Adrian Thrills, que una cinta que pretendía documentar todo aquello, la C86, acabaría por definir el género. Y todo con la industria sintiéndose por primea vez amenazada cuando cualquier idea de algo mínimamente parecido a Napster hubiera alcanzado el estatus de odisea espacial kubrickiana. “Home Taping Is Killing Music”, decían. Para que luego Nick Cohn mantenga aquello de que el pop dejó de ser divertido después del Sgt. Pepper’s…

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Casi tres décadas después, la cinta vuelve a ver la luz en un triple boxset con medio centenar de nuevos grupos, que sin formar parte del recopilatorio ayudaron a dar forma a la escena. “No había un sonido definido ni un lugar determinado. Pero se puede definir como escena porque éramos un grupo de gente trabajando en el mismo sentido”, explica David Gegde (The Wedding Present). La fórmula del grupo de Leeds es la perfecta definición del género. Un amalgama de melodías pop y guitarras enérgicas. Devoción por los sesenta, del garage a la psicodelia pasando por los Byrds. Un punto de encuentro imaginario entre los de LA, los Ramones y Phil Spector, con  una conciencia muy 77, el año del Big Bang.

“Lo que nos caracterizó fue el ethos DIY, un puñado de nuevos grupos, fanzines, promotores y pequeñas discográficas que empezamos a movernos al margen del stablishment pop-rock del momento”, añade Gedge. Grupos de poder que respondían al nombre de New Pop o New Romantics; sofisticados, educados, ostentosos, pastelosos… una delicia para los pijos londinenses. Una chirriante imagen de producto prefabricado en busca del éxito exprés que no cuajó en unos adolescentes ansiosos de una regeneración urgente. Para la generación C86, las Marine Girls de Tracey Thorn (Everthing But The Girl) fueron la primera gran una inspiración. También el primer single de Felt, grabado por el propio Lawrence en su dormitorio. Las 40.000 copias vendidas por “Upside Down”, el estreno de The Jesus and Mary Chain con la independiente Creation, y la eclosión de los Smiths fueron el empujón definitivo. Morrissey-Marr como los nuevos Beatles. Y una larga lista de candidatos al puesto de los Stones o los Kinks, pero sobretodo Orange Juice. El concepto indie pop se utilizó por primera vez para definir describir el sonido de su estreno “Sorry For Laughing”.

El primer borrador del Nuggets del indie contenía grupos como The Wedding Present, Shop Assistants, Primal Scream, The Mighty Lemon Drops, Big Flame y The June Brides. Pasaron tres meses hasta que el 3 de mayo la cinta fuera presentada a los lectores. No era ninguna novedad, sino la número 22 del catálogo del semanario y la hermana pequeña de la C81, una crónica del post-punk en la que aparecieron Orange Juice, Aztec Camera, Scritti Politti, Cabaret Voltaire, The Specials o los Buzzcocks. De la selección final solo Primal Scream, The Pastels o The Wedding Present prolongaron su carrera más allá. “Nos ayudó a la hora de exponernos ante el público, aunque quizá muchos de los grupos tenían una personalidad muy del momento nunca pensaron en ir más allá. A los propios Primal Scream les costó alcanzar el éxito, pero eran listos, ambiciosos y tenían mucha determinación”, reconoce Stephen Pastel, líder de los escoceses The Pastels. En la falta de ambición es precisamente donde se agarran la mayoría de críticos de la cinta y la escena. “Si por falta de ambición entendemos el deseo de ganar dinero y ser famosos. Pero creo que los grupos lo eran a la hora de plantar cara al poder y crear una escena alternativa. Quizá ninguno quería una carrera de 30 años”, añade Gedge.

Como la de Primal Scream. Los ochenta segundos de “Velocity Girl” son la quintaesencia del sonido C86 pero el grupo siempre se ha desmarcado de todo aquello. “Nunca hemos tenido nada en común con esos grupos”, aseguraba tres años después de la aparición de la cinta Bobby Gillespie en la misma NME. “Pueden tocar instrumentos, escribir canciones y además ahora pueden editar un disco… No me parece positivo que cualquiera pueda sacar un disco”. En The Jesus and Mary Chain, con los que ya había grabado un disco de alto voltaje, realismo crudo y mucho ruido como Psychocandy, su actitud desafiante aporreando primitivamente y en pie la batería mientras Jim Reid berreaba de espaldas al público algo ininteligible entre una cascada de distorsión no parece converger demasiado con el ideario twee de toda aquella generación.

Consciencia y feminismo

El auge del indie pop coincidió con los peores años de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y la recordada huelga de los mineros que se prolongó durante un año, entre 1984 y 1985. Los grupos se implicaron con los movimientos obreros. Los conciertos para recaudar fondos eran tan habituales como ver a los músicos lucir chapas o pegatinas con eslóganes afines a las revueltas. Las letras de los escoceses McCarthy sobresalieron por buscar la concienciación situacionista y sus proclamas marxistas. Una de sus canciones más recordadas se titula “Should the Bible be banned?”. Big Flame tomó su nombre de un grupo revolucionario socialista de Liverpool en los setenta. Y por si todavía existen dudas: el primer y único LP de los June Brides, There Are Eight Milion Stories… se llamó provisionalmente durante la grabación The June Brides Destroy Capitalism.

Para Amelia Fletcher (Talulah Gosh/Heavenly) algunas criticas a la poca implicación política del indie pop se fundamentan al tratarse de una escena “musicalmente estridente pero líricamente introspectiva”. “Más sobre política personal que sobre Política. También fue muy sociable, pero no violenta, lo que ayudó a que las mujeres pudieran formar parte de ella”, comenta la voz femenina de una generación que normalizó el papel de la mujeres en el rock incluso antes que las riot grrrl. “En retrospectiva me sorprende las pocas chicas que aparecen en la C86, en mis recuerdos constaban más. Pero supuso un estímulo para estar en un grupo. The Primtives, Darling Buds o Melody Dog fueron geniales, pero vinieron algo más tarde”.

Y lo uncool fue moda

No hay crisis de los treinta para el indie pop. La historia de la música, caprichosa, se permite poner en onda corrientes a las que ignoró en su momento. Para románticos el recuerdo nunca se desvaneció. Los cinco discos de Scared To Get Happy: a story of indie pop 1980-1989 son una verdadera excursión por el género, como el doble CD86 recopilado por Bob Stanley (Saint Etienne) en su faceta de arqueólogo-pop, los recopilatorios de Rough Trade o la colección The Sound of Leamington Spa. Melodías cristalinas, guitarras ruidosas y algo de shoegaze en plena vigencia.Lo twee ahora llamado lo-fi y una camada de bandas procedente del epicentro hipster de Brooklyn ­–Vivian Girls, The Pains of Being Pure at Heart o Crystal Stilts­– que han llevado el ¿espíritu? indie pop hasta las portadas de las revistas de tendencias y los carteles de los grandes festivales. “Cualquier escena de hoy es revival. Los grupos tienen suerte. Disponen de las herramientas para hacer promoción. Para los grupos de la C86 hacer que tu música se oyera ya era todo un éxito. Entonces, John Peel al margen, nadie apostaba por esa música”, explica Gedge. “Me sorprende que siga de moda. Puede ser un reconocimiento a lo que hicimos: discos grabados y producidos de forma especial, sobretodo honesta. Música hecha para nosotros y nuestros amigos, sin ninguna intención de hacernos famosos” añade Amelia Fletcher.

Un revival ético y estético. A Scene in Between: tripping through the fashions of UK indie music 1980-1988 es el libro con el que cualquier coolhunter podría quedarse a trabajar desde casa. El recopilatorio visual de Sam Knee rescata el look de una época que ahora luce como lo más in en los escaparates de las grandes cadenas de moda adolescente y juvenil. Polos y camisetas de mercadillo, jerséis de cuello alto, camisas estampadas, pitillos y Chelsea boots. Anoraks y pantalones de cuero. Cortes de pelo a lo tazón. La dualidad, entonces no buscada, entre lo naif y lo nihilista. Una estética sixties con filtro punk. Todo vuelve.

Publicado en el número de septiembre de Rolling Stone España 

 

 

 

 

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